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Rugby Mental Vol.11: Rumbo al reencuentro con nuestros jugadores.

Confío en que el lector se sentirá identificado con algunas creencias y prejuicios que describiré, que llevan a que no podamos (en realidad, siquiera intentemos) romper con las barreras que entorpecen la comunicación y, en consecuencia, perturban también el eventual desarrollo y rendimiento deportivo de nuestros jugadores. Paso a enumerar alguna de ellas:

El temor a las consecuencias. Este se da con frecuencia entre los mismos compañeros que no se arriesgan a decirse las cosas (cuando, en realidad, podrían hacerlo guardando las debidas formas y buscando el momento propicio), para mantener la armonía del grupo/equipo; pero, como consecuencia, se autoperjudican deportivamente, ya que se “esconde la mugre debajo de la alfombra”, aparentando que está todo bien cuando en realidad no es tan así. No está demás decir que lo mismo ocurre (incluso con una frecuencia mucho mayor) entre jugador y entrenador, amparándose ambos en el paraguas de la armonía de la relación. En varias ocasiones, me he encontrado con entrenadores o jugadores que me dicen: “Acá lo que tenemos

que trabajar es la concentración, porque en el grupo no hay conflictos”. La pregunta es: ¿Quién dijo que la ausencia de conflictos es sinónimo de salud? Por el contrario, la ausencia de conflictos no es, por lo general, garantía de salud. La palabra conflicto no es equivalente a problema. El conflicto es una puja entre fuerzas opuestas que hacen a la dinámica, y la dinámica es un motor que acciona. Lo verdaderamente importante no es que no exista el conflicto, sino que exista el espíritu de reconciliación. La ausencia de conflicto no es sana si se refleja en la falta de dialogo para pretender que el primero no aparezca. La única forma de crecer en lo grupal y como equipo es dialogando y poniendo sobre la mesa las diferencias para, a partir de allí, poder construir algo en común. Primera, prioritaria y básica es la conformación del grupo humano y del consecuente equipo deportivo a través del establecimiento de metas y objetivos conjuntos y consensuados que permitirán apropiarse de los mismos y generar así la motivación y el compromiso individual y grupal.

Todo esto se logra a través de una aceitada comunicación.

El temor a decir que “no”. Es otra de las barreras que entorpece la comunicación. Suele darse entre el entrenador y sus dirigidos, por el mismo motivo que hablamos con anterioridad. Presencié un ejemplo de esto cuando un entrenador no supo decir que no al pedido de algunos jugadores referentes del plantel para cambiar el día de entrenamiento porque jugaban Boca y River. El resultado fue que solo algunos de los jugadores pretendían este cambio, pero el resto (y en gran parte) no estaba de acuerdo. Esto ocasionó que internamente, en el grupo, esta diferencia fuera el centro del diálogo de los jugadores en la semana; se desplazó así el foco de lo verdaderamente importante, que eran los entrenamientos para jugar de la mejor forma el partido del fin de semana (cuestión que, por razones obvias, no ocurrió). Podría este entrenador haber buscado también la alternativa de cambiar el día a cambio de un compromiso mayor en el entrenamiento y hacer jugar a favor la concesión a ese pedido. Evidentemente, este temor a decir que no se hizo fuertemente presente en su mente, bloqueando así la posibilidad de ese razonamiento.

–Otra barrera típica que solemos observar es la diferencia en la percepción de la situación, que suele darse, por ejemplo, cuando el entrenador piensa y/o dice “Los jugadores no se acercan a hablar”, mientras los jugadores piensan y/o dicen “El entrenador no se comunica lo suficiente con nosotros”.Interpreto que la respuesta clara para la ruptura de esta barrera podemos encontrarla en la definición de la palabra “coach” (carruaje), cuyo significado hace alusión a un “facilitador que ayuda a las personas a alcanzar sus metas con mayor éxito, solvencia y rapidez”. Por lo tanto, es el entrenador quien tiene que acercarse y promover la comunicación con sus dirigidos.

Confundir “el feedback o devolución” con “el pedido de explicaciones” constituye un clásico ejemplo de otra barrera, creencia o prejuicio que limita la comunicación. Se manifiesta en frases tales como “Yo no le pido explicaciones al entrenador cuando me pone y tampoco cuando me saca” (jugador dixit) o, por el contrario, “No le doy explicaciones cuando lo pongo, no se las doy cuando lo saco” (entrenador dixit). Al respecto, es menester comprender que la devolución o feedback  representa la herramienta comunicacional por excelencia, que hará a la mejora de nuestros jugadores y, en consecuencia, debería ser una política de club que el entrenador, el colaborador o algún miembro del staff (o entre todos) haga devoluciones parciales individuales a los jugadores. Si el jugador no sabe que tiene por mejorar… ¿cómo hará para mejorarlo? Y, si lo sabe pero no sabe cómo hacerlo…, ¿cómo hará para mejorarlo?. Se impone una vez más hacer alusión a la definición de “coach”. No debemos confundir la devolución o feedback (como herramienta indispensable que no tendría que nacer de un pedido) con el pedido de explicaciones (que implica un reclamo por no haberse hecho oportunamente la devolución pertinente como herramienta de mejora).

OURENSE. 17.10.2016 CAMPUS, CONFERENCIA DE FERNANDO SACCONE, ‘RUGBY MENTAL’. FOTO: MIGUEL ANGEL

–Para finalizar con el tema de las barreras mencionadas, intentemos evitar el uso de generalizaciones, comparaciones, determinaciones, rótulos o etiquetas (“no hay líderes”, “no hablan”, “no tienen compromiso”, “en mi época era diferente”, “no tiene condiciones naturales”), y preocupémonos por implementar estrategias  para provocar los cambios que pretendemos. Preguntémosles, por ejemplo: “¿En esa situación no podrías haber pasado la pelota?, ¿no hubiera habido una mejor opción?, ¿por qué pensás que te cuesta pasarla?”; en lugar de: “No pasa la pelota, es un egoísta, etc”.). Recordemos que la empatía consiste en ponerse en el lugar del otro, y que el mejor técnico es el que logra comprender lo que le pasa a sus jugadores.

  Debemos comprender que, si los jugadores no hablan, no podemos hacernos los distraídos o ignorarlo (es la peor respuesta). La comunicación es como el agua, ya que, cuando se estanca, se pudre, y luego surge en forma de planteos y reclamos, porque no se efectuó en el momento oportuno.

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