BIENESTAR DEL RUGBIER

El Síndrome Piramidal

Al dolor o síndrome del músculo piramidal se le considera también un punto gatillo o dolor de origen miofascial, que puede tener diferentes orígenes, de tipo mecánico por ejemplo por actividad deportiva, o frecuentemente por alteraciones viscerales de diferentes órganos que pueden reflejar su alteración en este músculo.

Éste síndrome también se le conoce como pseudo-ciática o falsa ciática, porque aunque no se vea afectada la raíz del nervio en su origen en L4, L5, S1 y S2, si presenta una sintomatología parecida.

Empecemos con un poco de anatomía y fisiología.

El piramidal o piriforme forma parte del grupo conocido como músculos pelvitrocantéricos y como tal se encuentran ubicados en la pelvis. Tiene su origen en la cara anterior del sacro y se inserta en el borde superior del trocánter mayor del fémur.

Su principal función es la de aportar estabilidad a la pelvis, es decir, realmente no tiene un movimiento definido, sino que realiza ajustes continuamente para adaptarse a los movimientos mas grandes que realizan las estructuras asociadas a la cadera y a ella misma.

La situación de este músculo es un tanto peculiar y comprometida ya que el nervio ciático pasa justamente por detrás de él, o en muy pocos casos, por mitad del vientre muscular.

¿Qué es el Síndrome del Piramidal?

En prácticamente todos los casos, la causa de ésta patología es una cuestión mecánica.

Y la razón de dicha afectación es principalmente la de tener una mala higiene postural generada en mayor medida por pasar excesivo tiempo sentados.

Por otro lado, la práctica de ejercicio inadecuado, es la que propicia que se agudice y cronifique el dolor tan limitante que genera esta disfunción, ya que, al comprometerse la mecánica funcional, se genera un mal patrón neuromotor que se hace más fuerte cuanto más tiempo estemos sin devolver a su normalidad el patrón biomecánico correcto de toda la estructura, sobretodo en contextos dinámicos.

Los síntomas también empeorarán, si no existe ningún tipo de ejercicio físico, pues si continuamos con los mismos malos hábitos posturales, de igual manera se instaura una mala conexión neural. Al fin y al cabo, la inactividad siempre causará disfunción.

¿Qué podemos hacer?

La liberación miofascial es la técnica que podemos emplear para mitigar y en la mayoría de los casos producir la “curación” de este dolor.

La liberación miofascial es probablemente la manera directa más eficaz para mitigar el dolor que produce esta disfunción.

La acción de la fascia sobre el músculo es de total dominancia por eso es importante la información de relajación que le damos a través del masaje.

No solo tenemos que incidir directamente sobre el piramidal, que seguramente presentará un exceso de tensión, sino que todo tejido que limite el correcto posicionamiento de las estructuras en su lugar para una buena función mecánica, también debemos tenerlo en cuenta y trabajar sobre él.

Para aplicarnos el masaje podremos utilizar el foam roller o una pelota de tenis, ésta ultima si ya aguantamos bastante bien la presión.

Si es cierto que para quien padece este problema y más aún si lo arrastra de algún tiempo, puede resultarle bastante complicado realizarse a si mismo el masaje, por el dolor continuo que pueda tener incluso por la falta de precisión anatómica si desconoce del tema.

Por lo que en estos casos lo mejor es acudir a un profesional, que sabrá con mucha mejor exactitud las zonas a trabajar y aplicará las técnicas con mayor efectividad.

Pero siempre se puede hacer algo. Si no sabemos exactamente el punto dónde colocar la pelota o por qué zona pasarnos el foam roller, simplemente vamos a aplicarnos el masaje cubriendo todo el área donde se encuentre dicho musculo afectado o sobre el que queremos trabajar.

La presión va a llegar sin duda hasta donde está el problema y va a aliviar mucha tensión. No obstante, es muy probable que haya un punto en concreto que nos duela bastante mas y este será sobre el que debamos incidir mas con el masaje.

Importante:

* Es importante no bloquear la respiración mientras masajeamos el tejido, de lo contrario no conseguiremos los efectos deseados de la liberación miofascial. Por ello, intentaremos relajarnos y mantener una respiración constante.

* Buscaremos siempre una posición cómoda, sobre todo al tumbarnos en el suelo. Si es buscaremos la ayuda de un cojín para apoyar nuestra cabeza y mantenerla alineada con la columna.

* No vale con aguantar un poco de tiempo y ya. Hay que ser pacientes y para un trabajo efectivo rondaremos los 5 – 10 min por zona. Tampoco es necesario realizar todas las zonas el mismo día.

También podemos realizar algunos ejercicios neurodinámicos de los que ya hablaremos en otro post, para tratar y prevenir los dolores ciáticos.

Bibliografía.

  1. Síndrome del músculo piramidal. Diagnóstico y tratamiento. Presentación de 14 casos. JL. Ruiz-Arranz, I. Alfonso-Venzalá, J. Villalón-Ogayar. Elsevier.
  2. Síndrome piramidal. A propósito de un caso. N. Correa González, A. Macías Corbacho. Elsevier.

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