En más de una ocasión a bien seguro que han oído que en el hemisferio sur se juega a otro rugby. Y quizá sea cierto que el estilo de juego entre ambos hemisferios diste mucho el uno del otro. Lo que ocurre, es que no hay un modo correcto de jugarlo, ya que ciñiendonos al reglamento, cualquier estilo es válido. Cosa distinta, es y será siempre la preferencia del espectador. Aún así, no puede ponerse en duda que, la hegemonía demostrada en el último mundial con las cuatro primeras posiciones copadas por las selecciones del hemisferio sur, nos da una idea de la efectividad de cada uno de los estilos.

Por lo que, afirmar que el SuperRugby es la mejor competición del mundo en cuanto a clubes se refiere (aunque no pretenda consolidarse la idea de la existencia de verdades absolutas) no es en ningún caso una hipérbole, todo lo contrario. Y de no ser por una leyenda apodada “Wilko”, la supremacía sureña en el mundo oval, sería un monólogo absoluto.

Y así han transcurrido los cuartos de final de esta ilustre competición, que esta temporada estrenaba formato de cruces y clasificación para la fase final, lo que ha llevado a ver cuatro equipos kiwis clasificados de cinco que disputan esta competición de quince equipos. 

Las fases se iniciaron viernes con el partido más disputado y que podía tener un resultado más difícil de pronosticar. Los Canes de los hermanos Beauden y Jordie Barret se impusieron a los Chiefs de McKenzie y compañía, con ajustado resultado de 32 a 31, con un último ensayo de los visitantes con el tiempo cumplido que muestra una equívoca igualdad en el juego, que en todo momento fue estratégicamente controlado por los de Wellington.

El sábado sonó la sorpresa en el tercer emparejamiento. A primera hora peninsular, los Crusaders habían sentenciado su pase frente a unos débiles Sharks, dominando, no solo en el marcador 40 a 10, sino también en el juego y en todas las fases. Mientras que en el siguiente partido entre los australianos de Sydney, los Waratahs, y los neozelandeses de Dunedin, los Highlanders, pasaron los aussies gracias a una buena segunda parte y a un despropósito por parte de los Landers, que salieron casi con la certeza que el trabajo hecho en la primera parte les sería suficiente. No fue así y cayeron derrotados por un 30 a 23.

Y el último partido, la franquicia por excelencia del rugby Sudafricano, los Lions, se impusieron a la franquicia Argentina de Jaguares con un claro 40 a 23. Y el resultado podría haber sido distinto si el juego argentino hubiese sido durante todo el partido el desarrollado en los diez primeros minutos de la segunda parte, pero los Jaguares hicieron gala de su indisciplina generando pérdidas de posesión en ataque y facilitando la tarea ofensiva de Lions, a pesar que, siendo su tercer año en la competición, han logrado lo que muchos ansían y hace demasiado que no logran.

En consecuencia los cruces de semifinales aseguran la presencia de un equipo neozelandés en la final, Crusaders o Hurricanes que se enfrentarán en Christchurch a las 9:30 horas peninsular y bien los Lions o los Waratahs que se enfrentarán entre sí, en Johannesburgo, a las 15 horas.

Y acabando la disquisición inicial sobre el juego que imponen en este Hemisferio, una cosa esta clara, si con velocidad y profundidad a la mano se imprime un ritmo que las delanteras del Norte no aprenden a controlar ni gestionar, el monólogo sureño se extenderá durante varios años más, hasta que nos demos cuenta que, por muchos billetes que salten en el campo, si no se modifica y se trabaja un nuevo estilo de juego, la diferencia será, irremediablemente cada vez más superior.

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