RUGBY MENTAL: El hábito, la supuesta falta de tiempo

En esta ocasión Fernando Saccone hablará sobre el hábito y la supuesta falta de tiempo

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OURENSE. 17.10.2016 CAMPUS, CONFERENCIA DE FERNANDO SACCONE, 'RUGBY MENTAL'. FOTO: MIGUEL ANGEL

La experiencia me indica que muchos son los entrenadores que presentan cierta dificultad para comunicarse en forma interactiva, por la lógica resistencia que implica el cambio de hábito.

Hábito incorporado que es el resultado de lo que recibimos cuando fuimos jugadores y que repetimos inevitablemente con nuestros dirigidos. Debemos tomar real conciencia de las grandes falencias que tiene la forma de comunicación directiva para pretender llegar a los corazones y las mentes de nuestros actuales jugadores. Se trata de generar deseo y convencer, y no de pretender imponer.

Al respecto, quisiera intentar derribar el prejuicio (que en ocasiones resulta en excusa) de algunos entrenadores que, ante estas propuestas de cambio de estilo comunicacional, se escudan (sin mediar intención alguna) en una supuesta falta de tiempo, con una simple anécdota de la que fui partícipe observando un entrenamiento de tantos de los que acostumbro observar.

El entrenador protagonista del caso frenó cuatro veces el entrenamiento (de una hora de duración) para juntar a sus jugadores en ronda, explicándoles en todas las ocasiones, en forma directiva, lo que pretendía de ellos, exigiéndoles concentración y compromiso, entre otros tantos pedidos varios.

Cada una de las cuatro ocasiones tuvo una duración aproximada de cinco minutos, lo que equivale a utilizar veinte minutos del entrenamiento para pretender explicar algunas cuestiones que evidentemente nunca fueron comprendidas (tampoco preguntó si las comprendían, en ningún momento).

A posteriori, y ante su consulta relacionada con lo que yo opinaba sobre esto, porque los veía desconcentrados y desmotivados, le propuse que, en el inicio del próximo entrenamiento, fijara metas utilizando la comunicación interactiva, para poder preguntarles, al finalizar, sobre lo entrenado, y le brindé algunas pautas de comunicación en las que pudiese respaldarse.

El resultado fue que, en la siguiente práctica, utilizó finalmente solo 10 minutos (la mitad del tiempo) y logró un entrenamiento mucho más dinámico (sin que haya aparecido la falta de concentración y compromiso a las que había hecho alusión). Utilizó 10 minutos (que con el correr de la internalización del hábito fueron, en las prácticas subsiguientes, tan solo cinco) que le sirvieron para optimizar el rendimiento deportivo de los entrenamientos. Es evidente que se trata de calidad y no de cantidad.

Se trata de que los jugadores comprendan y elaboren, y no de una insistente petición o exigencia… ¿Faltaba realmente tiempo para comunicarse mejor?

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