Es por demás sabida la prioridad que tienen los objetivos para la planificación de cualquier tipo de actividad. Sin embargo, la mayoría de las veces, cuando preguntamos a nuestros jugadores o entrenadores sobre el tema, observamos una importante tendencia a establecer objetivos de resultado, y a poner el foco en ellos, sin reparar en que, para alcanzarlos, previamente es menester poner el foco en las metas de desempeño, que son las que nos permitirán contar con mayores probabilidades de conseguirlos. Por ello comencemos por el primer escalón.

Definiré las metas como “los objetivos de transición hacia un objetivo mayor” (si bien no todos los autores coinciden en esto, considero que esta definición es la más apropiada a los fines de una fácil comprensión).

Por lo tanto, y sin lugar a dudas, tienen una importancia mayor que cualquier objetivo final, ya que son los escalones indispensables de la escalera que inevitablemente debemos progresivamente subir para aspirar a alcanzar la cima. Objetivos tales como “clasificar al Top 12”, “mantener la categoría”, “salir campeones”, “ganar el próximo partido”, etc., no son sino el resultado de un proceso previo (metas), sobre el cual es menester poner el foco, para tener mayores posibilidades de alcanzar dichos objetivos. En otras palabras, el establecimiento de metas de desempeño es prioridad absoluta para alcanzar estos “objetivos de resultado”. Si nos preguntáramos, sencillamente, ¿es que acaso podemos controlar los resultados?, la respuesta nos haría ver el sinsentido de un objetivo de estas características. El caer en la tentación casi inevitable de enfocarse mayormente en estos últimos (ya que representan nuestro sueño final) hace que probablemente perdamos nuestro rumbo (o, al menos, que perdamos momentáneamente el foco de lo prioritario), ya que los resultados no dependen solo de nosotros y, por lo tanto, no son manejables.

Lo verdaderamente manejable, y que está dentro de nuestro control, son las metas de desempeño, que se relacionan con trabajar en cada escalón que nos permitirá alcanzar dicha cima, resultado final o sueño. Es por esa razón por la que, muchas veces, los equipos sufren una especie de caída libre que parece no tener fin –a pesar de que previamente había parecido que tenían equipo suficiente–, al no conseguir los resultados esperados sobre los cuales pusieron el objetivo como foco prioritario. Podemos afirmar sin temor que las metas son las que verdaderamente orientan nuestro esfuerzo y mantienen nuestra motivación, ya que tienen la connotación de ser más reales y tangibles por su cercanía, por ser el o los próximos pasos concretos a seguir, que son mayormente alcanzables y están más a mano, los primeros escalones para llegar a la cima aún lejana, aunque necesaria en cuanto a sueño último.

Las metas son los kilómetros indispensables a recorrer de una larga ruta para llegar al destino final. Esto hace a que sean mayormente cumplibles, en comparación con el objetivo final o sueño que, si bien es noble, es aún muy lejano, abstracto, y sobre el cual no tiene mayor sentido poner el foco de antemano, ya que depende en forma absoluta de cómo recorramos este camino previo. Cada meta así establecida hace a lo motivacional de querer alcanzarla y a orientar el esfuerzo en cada acción que nos acercará a ella; y por eso es fundamental el establecimiento de metas en forma conjunta (jugadores, entrenadores y club en general), para poder apropiarse e identificarse con ellas. Dialogarlas, discutirlas y consensuarlas, lo que hará sentirlas como propias y desearlas en conjunto, es la condición indispensable para poder alcanzarlas.

La importancia fundamental de este consenso puede verse reflejada en una pregunta sencilla:

– ¿Cómo hacer para que todos tiren para el mismo lado si no se está de acuerdo sobre el lado para el que hay que tirar?

En este sentido, no tiene razón de ser alguna que el entrenador sea el que le imponga las metas al equipo, sin que los jugadores que lo integran tengan la posibilidad de sentirlas como propias. La discusión, la elaboración, el intercambio y la exposición conjunta de metas hace a la base del grupo humano y el equipo deportivo, y al compromiso posterior para con ellas. Es por esa razón por la que hablamos de que las metas deben ser “consensuadas”.

Siguiendo con el ejemplo del camino, sería impensado que un piloto de Fórmula 1 ponga el foco en el resultado (salir primero en la carrera o clasificar), sin ocuparse previamente de tomar cada curva o recta de la mejor manera para optimizar el tiempo y así lograr la mayor velocidad posible, a fin de superar a sus rivales para, luego de realizar esto durante toda la carrera, tener entonces, recién allí, mayores probabilidades de ganarla, ya que también están en juego otros factores que no maneja como, por ejemplo, la potencia de los motores de los autos rivales, algún accidente sorpresivo, etc.

El enfocarse en cada acción suya hará que pueda cumplir con cada una de las vueltas de la mejor manera posible, lo que se desencadenará en mayores probabilidades de alcanzar ese sueño final, que es ser primero en esa carrera o en las siguientes. El enfocarse en establecer a priori metas que se refieran a entrenar entonces cada tackle, cada ruck, cada scrum o line, o cada una de las opciones de las acciones del juego, es lo que conllevará a tener mayores probabilidades de alcanzar el resultado final.

El establecimiento de metas cuenta con múltiples beneficios, ya que nos posibilitará preguntarnos:

– ¿Alcanzamos la meta? ¿Por qué? ¿Cómo hicimos para alcanzarla? ¿Qué nos faltó? ¿Sobre qué tendremos que trabajar para alcanzarla la próxima vez?.

Preguntas de esta clase y similares hacen a la consecuente toma de conciencia de nuestros actos en forma permanente, y al desarrollo de la capacidad de análisis y autocrítica, que son las que nos permitirán luego integrar las destrezas mentales a las físicas y continuar creciendo en forma conjunta como grupo humano y equipo deportivo a corto, mediano y largo plazo.

Es importante que las metas sean difíciles, para que nos auxilien en el proceso de motivación y auto-superación permanente; pero, a su vez, también medibles, reales y alcanzables, ya que, de lo contrario, posiblemente acarrearán frustración y obtendremos lo contrario de lo buscado.

Es fundamental tener en cuenta tanto las metas individuales como las grupales, ya que las primeras hacen a la autoestima, la autoconfianza y el crecimiento individual de cada uno de los miembros que conforman el grupo humano/equipo deportivo, y las segundas, al espíritu del grupo en sí mismo. Las tareas extradeportivas de índole grupal, como metas que tienen que ver con lo informal (actividades solidarias, dar una charla para algún otro plantel del club, o juntarse a cenar o alguna otra actividad habitual, entre otras), son fundamentales, ya que el proceso mental de puesta de metas es el mismo, y estas hacen a la conformación del grupo humano y el equipo deportivo en su totalidad.

Es clave generar el hábito de establecer metas en forma permanente para cada entrenamiento, ya que debemos tener en cuenta que el juego es una recreación del entrenamiento; es decir, se juega como se entrena y, por lo tanto, si queremos cumplir con determinados objetivos de desempeño en el partido, debemos generar inevitablemente el hábito de establecerlos y cumplirlos previamente en cada entrenamiento.

Continuando con esta lógica, si queremos contar con un equipo analítico, que desarrolle la capacidad de autocrítica, que se adapte y sea flexible para tomar las mejores decisiones ante la estrategia rival y sus posibles cambios en determinados momentos del partido, es clave que se pueda prever esto en los entrenamientos, ya que se verá reflejado en la disputa. Por ello decimos que los partidos no se juegan el día sábado, sino en cada uno de los entrenamientos de la semana, y que el día del partido en sí está casi todo dicho. La frase “jugarás como entrenaste” representa el real valor y la importancia de la puntualidad, el compromiso, la concentración, la actitud, la predisposición y el esfuerzo en los días de entrenamiento.

La conocida conclusión conformista en la que a veces nos amparamos para justificar algún desdibujado entrenamiento, que dice “total es un entrenamiento, y la hora de la verdad será el día del partido”, tendría que estar prohibida en nuestro imaginario, si es que pretendemos realmente alcanzar objetivos sustentables y nuestro máximo rendimiento a través del tiempo; ya que, si pretendemos dar algo más en cada partido, inevitablemente tendremos que generar el hábito de dar ese algo más en cada entrenamiento.

El lector podrá comprender la importancia clave que tendrá generar el hábito de establecer metas a diario (para trabajar en el análisis posterior y determinar si fueron alcanzadas o no, y poder continuar trabajando en consecuencia), como primer escalón indispensable para trabajar la fortaleza mental.

 

“Un viaje de mil millas comienza con un solo paso”.

Lao-Tse (604-531 a.C.)

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