Si no conocemos en profundidad con quiénes trabajamos…, ¿cómo pretendemos trabajar de la mejor manera? ¿cómo haremos para que nuestro mensaje llegue? Para toda disciplina, es fundamental conocer las generalidades del contexto, las circunstancias, la idiosincrasia y la cultura del campo (en este caso, de los jugadores) al que va a ser aplicada. Es decir, los factores situacionales y circunstanciales que determinan las mejores formas de aplicación.

Es por esta razón que es un aspecto clave el que nos predispongamos a comprender las características generacionales generales de nuestros entrenados (que están en relación con la cultura del “si lo querés, lo tenés”, el “llame ya”, “lo más rápido”, “lo de más fácil acceso”, “las compras por delivery, vía internet o celular”, la “comida rápida”, etc.) que hacen a la rápida satisfacción, lo velozmente conseguible, lo reemplazable, descartable y pasajero, que muchas veces está en relación y vemos reflejado, a su vez, en la

falta de compromiso con lo afectivo (las relaciones de noviazgo o de pareja poco duraderas o pasajeras de hoy en día, que nos hablan de la falta de compromiso necesario y suficiente para mantener una relación afectiva permanente, cuestiones que podemos traducir en forma equivalente en la falta de amor y compromiso necesario para con la propia camiseta).

Debemos tomar especialmente en cuenta el constante avance tecnológico comunicacional, que implica nuevos usos y costumbres de expresión, comunicación y enseñanza para con el logro del óptimo aprendizaje de nuestros jugadores. La lógica nos indica que somos nosotros, en cuanto conductores-formadores, quienes debemos conocer y adaptarnos a esta generación y su particularidad, y no ellos a la nuestra, ya que nosotros somos los que vivenciamos la actualidad y sus cambios permanentes como consecuencia de los avances comunicacionales, y presenciamos, vivimos y conocemos la historia de ésta, y no a la inversa.

Nuestros hijos y jugadores escuchan asombrados cuando contamos que nuestro primer mundial de fútbol lo vimos por televisión blanco y negro; o que no nos permitían usar una calculadora en el colegio (cuando ahora los proveen de calculadoras científicas o computadoras para facilitar su aprendizaje); o cuando esperábamos durante meses para poder acceder a un teléfono de línea; o escribíamos con una lapicera  una carta a una novia y debíamos colocarla en un sobre, pegarle una estampilla y llevarla hasta el correo o al buzón de la esquina para que llegara a destino…No se trata de hacer un juicio de valor que determine que lo actual es nocivo o negativo y que “todo tiempo pasado fue mejor”, y actuar en función de ello, pretendiendo anular, reemplazar o bloquear la actual forma de comunicación, o querer imponer la histórica nuestra u otra.

He presenciado hechos inéditos al respecto, como el de un entrenador que quería prohibir el uso del facebook porque se le complicaba utilizarlo y era uno de los medios a través de los cuales más se comunicaban sus jugadores y su staff.

Muy por el contrario, se trata de intentar adaptarse y lograr, por medio de la creatividad, la llegada a estos nuevos y diferentes (ni mejores ni peores) receptores, utilizando estas nuevas herramientas de comunicación a favor de nuestra misión. Si bien es lógico que pretendamos establecer una comunicación de tipo directiva, ya que es la que internalizamos en nuestra infancia, y por medio de ella fuimos educados, debemos al menos comprender que hoy es obsoleta y que no nos conducirá fácilmente a la obtención de la formación humana y el rendimiento deportivo que pretendemos de nuestros jugadores.

La comunicación interactiva es, sin lugar a dudas, la más apropiada y, por lo tanto, el estilo de comunicación que deberemos esforzarnos en integrar y adaptarnos a utilizar para conseguir nuestros objetivos en cuanto conductores formadores. Como entrenadores tenemos una responsabilidad mucho mayor que los entrenadores de antaño principalmente porque las generaciones han cambiado.

Hace unos años atrás nuestros entrenadores nos pedían humildad, concentración, compromiso, etcetera y nosotros como jugadores entregábamos fácilmente lo que nos pedían porque habíamos aprendido todo ello en nuestras escuelas, en nuestras iglesias y por sobre todo en nuestros hogares. Era cuestión de reforzar en los clubes estos aspectos que ya venían trabajados desde otros ámbitos educativos…sin embargo  ¿Por qué es que ahora ello no sucede?…porqué la educación está en déficit, la religión está en déficit y nuestras familias también lo están (padres separados por doquier, o juntos pero que no tienen tiempo de educar a sus hijos producto de la vorágine por llevar un bienestar económico a su familia, etc).

En la era de las comunicaciones paradójicamente el tiempo  parece nunca alcanzar…A su vez nuestros jugadores pertenecen a una generación predispuesta a una distorsión del equilibrio del esfuerzo. La generación actual cuenta con mucha información (producto del desarrollo de la tecnología y las redes sociales) pero escasa formación producto de todos los déficits anteriormente mencionados (no elaboran  porque una computadora procesa por ellos desde que nacieron)….y es allí en cuanto a nuestra función como entrenadores donde tenemos que re direccionar nuestros esfuerzos. De hecho muchas veces están más informados sobre aspectos de la práctica del rugby  que nosotros mismos, mientras  nosotros insistimos en esforzarnos en  enseñarles insistentemente más y más rugby sin percatarnos de que la base para que absorban esos conocimientos es sumamente frágil…No debemos olvidar que la elaboración es la vía óptima para el aprendizaje y que no debemos darles soluciones digeridas como si fuésemos un procesador más (computadora). Debemos predisponerlos en cuanta oportunidad  tengamos a que piensen!!!!

Parecería ser que el paradigma sufrió una transformación y que ya no se trata de inculcar valores a través del rugby sino de inculcar rugby a través de valores. Esto significa que debemos prepararnos en pedagogía para ayudarlos a que desarrollen y elaboren esos valores para sobre esa base poder enseñar paralelamente nuestro deporte. Pedagogía que nos permitirá bajar esos valores a tierra llevándolos a la práctica misma de cada entrenamiento y que no queden en el orden del discurso (modalidad que hace unos años podía ser efectiva pero que ahora indudablemente dejo de serlo).

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