Durante el ejercicio se producen cambios fisiológicos y modificaciones adecuadas y coordinadas en todo el organismo a nivel de los distintos sistemas funcionales. Ellos son: Neurolóco, Cardiocirculatorio, Respiratorio, Hematológico, Endocrino y Renal, entre otros.

 

Según un estudio realizado en la Univerdad de Auckland, el ejercicio físico promueve la producción de nuevas neuronas. Esta regeneración neuronal, denominada “neurogénesis” se produce en una zona concreta del cerebro denominada hipocampo, relacionada con la memoria y el aprendizaje.
La función cognitiva por tanto, se ve mejorada, debido a la activación de las células madres neuronales, que favorece el desarrollo de estas nuevas neuronas, que pueden migrar a otras zonas del cerebro mejorando nuestro estado cerebral.

Por otro lado, el ejercicio protege al cerebro de agresiones externas e internas activando los sistemas de neuroprotección fisiológica encargados de proteger a las células nerviosas.


Uno de ellos sería la producción del factor de crecimiento IGF-I (Insuline-like Growth Factor I) muy conocido entre los culturistas por ser el encargado de promover el crecimiento muscular masivo, que al llegar al cerebro estimula la producción de sustancias tróficas, incrementando la actividad de las neuronas, mejorando la capacidad de recibir información propioceptiva, aumentando el consumo de glucosa por las neuronas y protegiéndolas de cualquier alteración.
Cuando realizamos una actividad moderada, como correr o montar en bicicleta, el cerebro recibe más oxígeno, se forman nuevos vasos sanguíneos y aumentan los niveles de ciertos neurotransmisores como la serotonina (reguladora del miedo, la ansiedad, la agresividad, el apetito) y de la proteína BDNF, encargada de dirigir el desarrollo neuronal en el hipocampo.

A nivel cardiovascular se produce un aumento de la actividad nerviosa simpática y una disminución de la actividad parasimpática, un aumento del retorno venoso que es un factor decisivo en el aumento del gasto cardiaco en la actividad física al producir el llenado ventricular durante la diástole. Durante el ejercicio el aumento del gasto cardíaco se produce en forma lineal y directamente proporcional a la intensidad del trabajo realizado hasta llegar a una intensidad del 60-70% del consumo máximo de O2 (VO2 máx.), este es la cantidad máxima de O2 que el organismo puede absorber, transportar y consumir por unidad de tiempo (ml x kg x min). A partir de ese momento tiende a la estabilidad hasta llegar al 80-90% en donde puede incluso disminuir por la taquicardia excesiva que disminuye el llenado diastólico y por lo tanto el volumen sistólico. El volumen sistólico aumenta linealmente hasta 40-60% de la VO2 máx., luego tiende a estabilizarse hasta llegar a 90% en donde disminuye por la taquicardia excesiva. Esto ocurriría en sujetos sedentarios o poco entrenados mientras que en individuos deportistas bien entrenados el volumen sistólico aumenta progresivamente hasta el máximo esfuerzo porque tienen aumentada la capacidad diastólica por una mayor distensibilidad del ventrículo izquierdo. La frecuencia cardiaca aumenta linealmente con el esfuerzo. La misma depende además de diversos factores: edad, grado de entrenamiento físico. tipo de ejercicio: en el estático aumenta exclusivamente mientras que en el dinámico lo hace junto con el volumen sistólico. temperatura y humedad del ambiente. presión atmosférica y hora del día. El entrenamiento de resistencia tiende a reducir los valores de reposo de la tensión arterial, tanto sistólica como diastólica por lo que se lo utiliza como terapéutica de pacientes hipertensos.

A nivel respiratorio, Durante el ejercicio intenso la frecuencia respiratoria (FR) en personas sanas puede alcanzar 35-45 r.p.m. llegando hasta 60-70 r.p.m. en deportistas de alto nivel. El volumen corriente puede llegar hasta los 2 litros. La ventilación pulmonar puede alcanzar valores 17 veces mayores que en el reposo (100 L/min) y se modifica antes, durante y después del ejercicio. Durante el ejercicio leve o moderado el volumen espirado (VE) aumenta en forma lineal con respecto al consumo de O2 (VO2) y con la producción de CO2 (VCO2) cuyo cociente VE/VO2 es igual a 20-25. Este aumento se debe a un aumento mayor del volumen corriente en comparación a la frecuencia respiratoria. Cuando el ejercicio es muy intenso y se instala una acidosis metabólica la relación VE/VO2 se hace curvilínea y el aumento de la VE es a expensas de la FR, al no alcanzarse la fase III se produce un aumento desproporcionado de la VE en relación al VO2 por lo que su cociente puede llegar a 35-40. El punto en el cual se produce esa respuesta desproporcionada se denomina “umbral ventilatorio” y corresponde aproximadamente al 55-65% de la VO2 máx. Durante la recuperación post ejercicio se produce una primera fase de disminución brusca de la VE y otra fase de disminución gradual. La capacidad de difusión del O2 se triplica gracias al aumento de la superficie de intercambio.  Durante el ejercicio la hemoglobina aumenta 5-10% debido a la pérdida de líquidos y al trasvase de los mismos desde el compartimiento vascular al muscular (hemoconcentración). La diferencia arteriovenosa está aumentada debido a la mayor extracción de O2 por parte de las células musculares activas. El aumento de hidrogeniones, del CO2, de la temperatura y del 2,3 DPG desplazan la curva de disociación de la hemoglobina hacia la derecha. La mioglobina que facilita el transporte de O2 en el interior de la célula muscular hasta la mitocondria parece aumentar sus concentraciones gracias al entrenamiento de resistencia. El transporte de CO2 desde la célula hasta los pulmones se realiza principalmente por el sistema del bicarbonato.

A nivel hematológico, podemos decir que los deportistas que realizan una actividad física intensa y de larga duración (ciclistas, nadadores, corredores etc.) presentan aumentos del volumen plasmático, descenso del hematocrito y del recuento eritrocitario y concentraciones bajas de hemoglobina, hierro y ferritina. Esto es debido al aumento de Na plasmático, aumento de la aldosterona, pérdida de líquidos por la sudoración,

A nivel renal, podemos encontrar variaciones en el volumen de orina dependiendo de la intensidad del ejercicio.

  • Si el ejercicio es muy intenso, aumenta la ADH y disminuye la diuresis.
  • En cambio, si el ejercicio es moderado, se tenderá a la eliminación de solutos y habrá un aumento de la diuresis.

De esta forma podemos entender muchos sucesos e incluso incidir en ellos para mejorar el rendimiento de nuestros jugadores.

Bibliografía:

  1. Urhausen A, Kindermann W. Sports-specific adaptations and
    differentiation of the athlete’s heart. Sports Med 1999;28:237-44.
  2. Fagard R. Influencias de los deportes y del entrenamiento en la
    estructura y la función del corazón. En: Clínicas Cardiológicas de
    Norteamérica. El corazón del deportista. México: Ed Interamericana;
    1992. p. 249.
  3. Jack H. Wilmore,David L. Costill. Fisiología del esfuerzo y el deporte. 1999.
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Miguel Andrés Gasco
Enfermero de UCI del Hospital Universitario Príncipe de Asturias. Formación en Elite concussion management por World Rugby. Experto Universitario en Urgencias y Emergencias Extrahospitalarias. Proveedor de SVCA/ACLS y miembro del Grupo de Trabajo de Electrofisiología y estimulación cardíaca de la AEEC.

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