La realización de actividad física-deportiva de forma segura precisa realizar algún tipo de investigación clínica sobre el estado de salud del deportista. La mayor parte de la literatura sobre este tema se centra en el descubrimiento de las enfermedades o anomalías cardiovasculares que, más frecuentemente, tienen riesgo de desencadenar un episodio de muerte súbita. Pero la actividad física tiene repercusiones notables sobre el resto del organismo, especialmente en el aparato locomotor y en el sistema metabólico, por lo que el reconocimiento no se debe limitar a la exploración cardiovascular, sino ampliarse al resto de los aparatos y sistemas implicados en el esfuerzo físico.

La Muerte Súbita en el Deportista (MSD) se debe en gran medida a diversas enfermedades y anomalías cardiovasculares (CV) con frecuencia insospechadas, se ha generado una gran cantidad de literatura científi­ca destinada a conocer los diversos aspectos que caracterizan esas muertes y, lógicamente, las medidas que se deben adoptar para evitar o disminuir su incidencia. Es indudable que la estrategia más importante y efectiva en la prevención de la MSD es la realización de reconocimientos clínico-deportivos (RCD) destinados a comprobar la aptitud para la práctica deportiva mediante el despistaje de enfermedades CV que pudieran provocar episodios de MSD.

La American Medical Association considera que todo deportista tiene derecho a una evaluación y una historia médica antes de la temporada. La American Heart Association establece la justifi­cación y la exigencia de realizar un RCD para el despistaje de la enfermedad CV en deportistas jóvenes. La Fédération International de Medécine du Sport considera necesario hacer una valoración médico-deportiva a todo sujeto mayor de 35 años que inicie o reemprenda una actividad física de competición o incluso de tipo lúdico, y la Asociación Aragonesa de Medicina del Deporte entiende que el RCD debería ser el punto de partida de la actividad deportiva y tendría que realizarse antes de la incorporación al deporte.

En España, la Ley de protección de la salud del deportista y lucha contra el dopaje en la actividad deportiva, modi­cada por el Real Decreto-Ley 3/2017, de 17 de febrero, dispone que se establecerá una política efectiva de protección de la salud de los deportistas y de las personas que realizan actividad deportiva. Entre las medidas específi­cas mínimas previstas, se determina la obligación de efectuar reconocimientos médicos con carácter previo a la expedición de la correspondiente licencia federativa en aquellos deportes en que se considere necesario para una mejor prevención de los riesgos para la salud de sus practicantes, con la intención de proteger la salud del deportista en relación a la actividad deportiva, en función de las características de la modalidad deportiva, del esfuerzo y demás condiciones físicas que exija la práctica de la modalidad deportiva, de las condiciones ambientales en que se practique y de las necesidades especí­ficas de mujeres y hombres, menores de edad y personas con discapacidad que puedan practicar el rugby en nuestro país.

En España se propone un sistema adaptado del propuesto por el Grupo de Trabajo de la Comisión de Control y Seguimiento de la Salud y el Dopaje del Consejo Superior de Deportes, y que se basa en los siguientes principios:

– Necesidad de despistaje de enfermedad CV con riesgo de MSD.

– Necesidad de valorar al deportista en los aspectos en que el esfuerzo físico puede afectar a otros sistemas y aparatos (además del CV) implicados, como el respiratorio y el locomotor, y las características antropométricas.

 – Inclusión obligatoria del ECG de reposo.

 – Inclusión de forma obligatoria en el sistema de RMD de deportistas federados de cualquier nivel (escolares, autonómicos, nacionales, internacionales y profesionales).

– Indicación de la aptitud o no para la práctica deportiva.

– Considerar la no aptitud para la práctica deportiva según las contraindicaciones vigentes que deben impedir, de forma legal, la participación en todo contexto deportivo hasta que el problema se solucione.

– Necesidad de recomendar seriamente la realización de RCD a todos los deportistas restantes, incluidos los a­ficionados y recreativos, especialmente a aquellos que participan en carreras o competiciones denominadas “populares”, valorando su obligatoriedad por parte de las organizaciones.

Los deportes se pueden clasificar con el fin de establecer recomendaciones o prohibiciones de su uso para deportistas portadores de enfermedad cardíaca. Esta clasificación, se ha basado en la construcción de una tabla que caracterizaba los deportes, 1) por su componente de resistencia, expresado como la intensidad de contracciones musculares estáticas y 2) su componente dinámico, reflejado por la intensidad relativa de ejercicio dinámico (contracción regular de grandes grupos musculares). La clasificación del deporte describe ambos componentes en cada uno de ellos.

Las contracciones estáticas estimulan los procesos mecánicos y metabólicos del músculo esquelético, lo que conduce a cambios en la presión arterial. Cuanto mayor sea la masa muscular implicada, mayor la intensidad de la contracción y mayor es el aumento de la presión arterial; la incorporación de una maniobra de Valsalva durante las contracciones aumentará de forma aguda y transitoria la presión arterial.

El ejercicio dinámico aumenta la demanda de flujo sanguíneo y de gasto cardíaco, que se produce sin aumento de la presión.

Existen condiciones cardiovasculares específicas que pueden ser más o menos susceptibles de complicaciones (principalmente isquemia, fracaso o compromiso vascular), basadas ​​en características únicas de cada lesión y la carga proporcionada sobre el corazón durante la competición.

Tanto el ejercicio dinámico como el estático resultan en un aumento en la demanda miocárdica de oxígeno. Durante el ejercicio dinámico de alta intensidad, existe un aumento de la frecuencia cardíaca y un aumento en el volumen de eyección del corazón. En el ejercicio estático de alta intensidad, ocurre un aumento menor de la frecuencia cardíaca, y poco o nada en el volumen de eyección del corazón; sin embargo, la presión arterial y el estado contráctil del corazón aumentan de forma considerable. Así, el ejercicio dinámico produce una sobrecarga de volumen, mientras que el ejercicio estático una sobrecarga de presión. Desde el punto de vista cardiovascular siempre es más cardio-saludable el dinámico que el estático. Pero prácticamente todos los deportes tienen una mezcla de ambos esfuerzos. Según la tabla de clasificación de los deportes de Mitchell, el rugby se encuadraría dentro del grupo de estáticos y dinámicos moderados, con el riesgo del contacto físico añadido, clasificándolo como IIB. (Teniendo en cuenta que la parte estática se la asigna un número del 1 al 3 y la dinámica de la A a la C).

Así pues, por ejemplo, un deportista con una anomalía cardiovascular que impidiese un deporte que produce una carga de alta presión sobre el ventrículo izquierdo, puede ser aconsejable evitar los deportes clasificados como IIIA, IIIB, y IIIC.

A todo deportista y practicante de ejercicio físico se le debe realizar un RCD antes de iniciar esta actividad y de forma regular, según las especifi­caciones que se indican más adelante, mientras mantenga su actividad físico-deportiva. Tradicionalmente, el RCD se contemplaba en el contexto de la formalización de una licencia deportiva. Sin embargo, este concepto está superado por varias circunstancias. La primera es que, salvo excepciones, las federaciones deportivas y otras entidades con capacidad reguladora no están contemplando la obligatoriedad de realizar el RCD, posiblemente por motivos económicos. La segunda, que el sistema de competencias hace que existan diferencias territoriales entre los ámbitos y modalidades de aplicación de los programas de despistaje mediante RCD.

A modo orientativo, a continuación, se especifi­can las recomendaciones de periodicidad de realización del RMD, considerando su necesidad obligatoria antes del inicio de cualquier actividad físico-deportiva en cualquier contexto de edad, sexo, condición o nivel de práctica deportiva, con independencia de su carácter competitivo:

– Escolares (a partir del momento en que se encuadran en una categoría de competición federativa): cada 2 años.

– Deportistas de competición: cada 2 años.

– Deportistas de alta competición/profesionales: individualizar, pero al menos anualmente.

– Adultos en deporte recreacional/a­cionado/popular (según intensidad y volumen deportivo y presencia o no de factores de riesgo): anual o bianual.

– Pacientes con patología crónica: individualizar, pero al menos anualmente.

– En caso de obligación legal de certi­cación: el reconocimiento se realizará siempre.

– Ancianos: cada 1-2 años.

A los deportistas profesionales o que participan en competiciones de ámbito internacional, además de los contenidos del RCD, se les debe incluir de forma sistemática y como mínimo:

– Prueba de esfuerzo con registro de ECG.

– Ecocardiograma Doppler

En el caso del rugby se deben añadir al contenido descrito en este RCD las pruebas necesarias para la seguridad del deportista y el entorno, y para minimizar el impacto sobre la salud del deportista.

Bibliografía

  1. Lombardo JA. Preparticipation evaluation. En: Sullivan JA, Grana WA, editores. The pediatric athlete. Park Rigde: American Academy of Orthopaedic Surgeons; 1990. p. 53-61.
  2. Cardiovascular preparticipation screening of competitive athletes. Scienti­c statement. American Heart Association. Med Sci Sports Exercise. 1996;28:1445-52.
  3. Pons C. Actividad deportiva en sujetos mayores de 35 años. Mínima valoración cardiológica recomendada. (Declaración de la Fédération International de Medécine du Sport (F.I.M.S.). En: FEMEDE editor. Declaraciones de consenso FEMEDE. Pamplona; 1997.
  4. Reconocimientos médico-deportivos. (Documento o­cial de la Asociación Aragonesa de Medicina del Deporte). En: FEMEDE, editor. Declaraciones de consenso FEMEDE. Pamplona; 1997.

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