Una vez hubo un sueño llamado Roma.

Ese sueño fue el mayor imperio de su tiempo. Uno de los mayores de toda la Historia.

Ese sueño conquistó, guerreó y llevó la civilización por todo el mundo conocido de la época. Ese sueño marca lo que dices, como lo dices, lo que piensas y lo que eres hoy en día.

Ese sueño esta detrás de muchas de tus acciones cotidianas sin que ni siquiera seas consciente.

Hablas como hablas por ese sueño. Miras el día en el calendario que crearon, vives en una sociedad regida por normas de derecho heredadas de ese sueño. Y así podríamos seguir casi indefinidamente.

Ese sueño, a lo mejor no era solo un sueño.

O sí lo era. Y aun así, ha definido como eres 2000 años después.

Ese sueño, no era compartido por todos. Hubo gente que no creyó en él, que no lo respeto y que intentó derribarlo (desde dentro y desde fuera).

De hecho, lo derribaron. Los bárbaros, Odoacro mediante, le dieron la puntilla final (sin dobles sentidos, fueron ellos).

Ese sueño, ideal y etéreo por definición, dió forma a algo real. A una realidad, que con su imperfección mejoró la vida, la sociedad y el mundo.

Que no se llegase a alcanzar la perfección, no resta valor al mérito de ese sueño.

Pero esta columna no va de rugby?.

Va, claro que va.

Una vez hubo un sueño llamado Rugby.

Rodeado de una liturgia y una tradición tan románticas, que solo se podían susurrar. La terca realidad amenazaba con hacerlas esfumarse en el aire, igual que el sueño del Emperador.

La humana realidad.

Porque al igual que el sueño de Roma era levantado por humanos, el rugby es practicado, seguido y analizado por humanos.

Imperfectos. Pasionales. Veleidosos.

Geniales en su inconformista deseo de alcanzar un sueño que los eleve por encima de ellos mismos, de su humana realidad.

Los valores, tradiciones, costumbres y códigos son intangibles. No se pueden agarrar con las manos. No se pueden ver directamente.

Pero eso no les resta un ápice de utilidad, ni reduce la importancia de su existencia.

La necesidad de su existencia.

Solo el hecho de que nos impulsen a ser mejores les da un valor incalculable. Solo el hecho de servir de inspiracion, ya es motivo suficiente para que existan.

Da igual, que fallemos, da igual que no siempre se cumplan.

No hay que abandonarlos.

El sueño de Roma era mejor que todos los romanos que lo siguieron y el rugby es mejor que todos los que formamos parte de el.

Tenemos momentos de apogeo y de derrota. Logros épicos y pequeños deslices.

Los bárbaros nos invaden de vez en cuando y sino lo hacen ellos, lo hacemos nosotros mismos.

Y sin embargo, tenemos la inspiración y las herramientas para hacer un mundo mejor al alcance de la mano.

Al menos un poquito.

Un Gaucho (con mayúsculas, sí) me dijo hace poco que no eran valores del rugby, eran valores de la vida.

Verdad.

Tanto como que el RUGBY es uno de los últimos reductos que quedan de esos valores de la vida.

Y que es Roma, Maximo?.

“He visto mucho del resto del mundo, es brutal, es cruel y es oscuro.

Roma es la luz.”

Maximo Decimo Meridio. Comandante de los Ejércitos del Norte. General de la Legiones Fénix. Leal servidor del verdadero emperador Marco Aurelio.

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Alejandro Baeza
De Almería y vinculado al Rugby desde 1993 como jugador, entrenador femenino y gestionando recursos económicos para los deportes minoritarios. Alejandro siente la necesidad de dar la mayor visibilidad posible al Rugby nacional con una frase como símbolo de identidad del Magazine RugbySpain "Por cada noticia, una portada" "Las portadas son visibilidad, y no sólo son para el Rugby élite"

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