La biomecánica de la melé y cómo nos puede ayudar su conocimiento a prevenir lesiones

Cuando se habla de Rugby en muchas ocasiones es difícil no ligar la melé (Scrum) a éste. Ese instante simbólico en el que dos paquetes de delanteros se unen en uno para luchar por la posesión del balón. Pero, ¿Qué consecuencias tiene para nuestros jugadores?

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Como todos bien sabemos, la melé es una fase estática del juego que supone una gran carga física, lo que la hace ser una parte delicada del juego estático por el aumento de las probabilidades de sufrir lesiones. Lamentablemente, debido a la naturaleza física de esta fase de juego puede haber asociaciones en donde la melé  debute con lesiones degenerativas crónicas en la columna vertebral y en muy raras ocasiones con lesiones catastróficas de la columna cervical.

A pesar de esto, se sabe poco sobre las fuerzas y movimientos involucrados en la melé, con muy pocos datos objetivos recopilados desde el advenimiento del profesionalismo hace más de diez años. Con ello se identificó una necesidad, que suponía conocer las demandas biomecánicas experimentadas por los jugadores durante la melé, con el objetivo de comprender más sobre cómo maximizar el rendimiento y cómo gestionar el riesgo de lesiones.

Para responder a estas necesidades la Universidad de Bath junto con la IRB realizaron un estudio enfocado en la melé obteniendo diferentes resultados que en éste artículo os expondremos.

Pero antes de entrar de lleno, veamos que dicen las estadísticas internacionales sobre las lesiones en el rugby:

Las cifras de incidencia de lesiones en el rugby, a menudo son sustancialmente más altas que los reportados en la mayoría de otros deportes de equipo.

Los datos longitudinales limitados que existen sugieren que la incidencia de lesiones ha aumentado desde la llegada de la profesionalidad (después de la Copa Mundial de 1995). Como ejemplo, se observó que los Wallabies vieron subir la tasa de lesiones en su época profesionalista (1996-2000) a 74 heridos / 1.000 horas, mientras que en el preprofesionalismo la tasa de lesiones (1994-1995) era de 47 heridos / 1,000 horas-jugador (Bathgate et al. al., 2002). Este aumento en la tasa de lesiones se ha atribuido en parte al aumento físico de los participantes y el estilo exagerado de confrontación, además con el tiempo, es probable que estos cambios se hayan filtrado a niveles no profesionales como aficionado / comunidad / escuelas / clubs. Dichos cambios drásticos a la naturaleza del juego sugieren una necesidad de actualizar la comprensión colectiva de la naturaleza física precisa de los eventos de rugby para obtener una mejor comprensión de cuán cerca están los límites de tolerancia a las lesiones de los jugadores de rugby.

Muchos elementos del rugby generan situaciones de contacto entre individuos (por ejemplo, tackles) o grupos de individuos (por ejemplo, scrums). La melé sigue siendo la fase genuinamente más competitiva del juego, donde los equipos ofensivos intentan establecer una plataforma estable desde la cual atacar y los equipos defensivos intentan interrumpir esta plataforma. La melé se caracteriza por un alto impacto inicial durante el enfrentamiento de los paquetes opuestos con oposición sostenida de fuerzas que se ejercen durante todo el período de tiempo. En general, la incidencia de lesiones por melé (10 lesiones / 1,000 -horas) (Brooks et al., 2005c) y la proporción de lesiones generales por melé (2%: Bathgate et al. al., 2002; 6%: Brooks et al., 2005b; 8%: Targett, 1998) son relativamente pequeños en comparación con otros mecanismos de lesión. Sin embargo, si bien el riesgo general de sufrir una lesión por melé no es alto, la propensión a sufrirlas (riesgo) ha sido calificado como alto (Fuller et al., 2007). Los delanteros de la primera fila son particularmente susceptibles a las lesiones por scrum, acumulando más del 23% de lesiones en la melé (Brooks et al., 2005c).

Según Brooks (2005b, c), las lesiones musculares de la pantorrilla (está formada por el tríceps sural que reúne tres músculos: los dos gemelos —interno y externo— y el sóleo) fueron las más  comunes y las lesiones de los músculos de la pantorrilla y hombro causaron mayor número de días de ausencia de jugadores profesionales de rugby. Por otra parte, las lesiones en el cuello constituyeron una proporción menor de la carga de lesiones por scrum (15%) (Brooks et al., 2005c), sin embargo, el scrummage fue responsable de una alta proporción de lesiones espinales (de las que trataremos en otro artículo) (41% de cervical, 56% de torácica, 71% de lumbar). La razón de esta susceptibilidad en la primera línea a las lesiones espinales es probable que sea, por las altas fuerzas repetidas experimentadas por estos jugadores (Quarrie y Wilson, 2000), particularmente durante melés repetidas y constantes.

Como hemos visto, los principales afectados en la melé son los jugadores de la primera línea, y es que una serie de mecanismos de lesión que pueden contribuir a la lesión de la columna cervical en la melé según indica. Dick et al. (2003) consistiría en el error de que los jugadores atacaran el scrum con una leve flexión del cuello. Esto resulta en una eliminación de la lordosis cervical para que durante un tiempo inoportuno o por un mal engranaje de la melé se dirigiese la carga a la columna cervical flexionada en lugar de a través de los hombros.

El trabajo realizado por Milburn (1990) con melé, poniendo jugadores de la delantera contra una máquina instrumentada, simulando una melé de partido, ha confirmado que las fuerzas experimentadas en esta fase son suficientes para desestabilizar la columna vertebral. McIntosh (2003) encontró el típico patrón de carga relacionado con la lesión del cuello, el cual consistía en una carga axial acompañada de una flexión, un tipo de carga observado durante la melé. La orientación de la carga aplicada, la presencia de movimiento restringido y la cantidad de energía absorbida se han encontrado para determinar el modo de falla de la columna cervical, estos factores todos siendo relevante para la situación del scrum. Milburn (1993) también destacó que “cargando” o con la desalineación de la cabeza durante el acoplamiento se puede provocar lesiones, ya sea a través de hiperextensión (estallando) o más comúnmente por compresión e hiperflexión de la columna cervical.

La biomecánica de la melé ha sido investigada, tanto para reducción / prevención de lesiones (por ejemplo, Milburn, 1990) como para obtener perfiles de rendimiento (por ejemplo, Quarrie) & Wilson, 2000).

Milburn (1990) investigó las fuerzas experimentadas por la primera línea en una máquina de scrum instrumentada. El comienzo de la fase de entrada se caracterizó por grandes fuerzas de impulso hacia adelante que duraron aproximadamente 1 sg, actuando para detener los movimientos opuestos hacia adelante; esto fue seguido por una caída en la fuerza debido a la “compresión” de los tejidos corporales y la reorientación de las posiciones corporales.

La magnitud de las fuerzas hacia adelante en el enfrentamiento varió de 3470 N (principiantes) a 7980 N (internacional). Las altas fuerzas / impulsos observados se debieron a las grandes masas y altas velocidades involucradas, y por lo tanto se supone que se deben principalmente al impulso generado por la velocidad de participación en lugar de la acción muscular activa en el impacto.

Se descubrió que las fuerzas de enfrentamiento vertical eran hacia abajo para la mayoría de los grupos (con la oposición de acción de extensión de la pierna) que aumentaría el riesgo de colapso, especialmente si la desalineación, los desajustes en la experiencia o la fuerza, o el derribo del equipo rival era evidente. Las fuerzas laterales durante el enfrentamiento fueron identificadas como ineficientes, pero que a largo plazo, era una causa probable de degeneración prematura de la columna cervical.

Milburn concluyó que las fuerzas en el combate se acercaron o excedieron el umbral de la lesión para la columna vertebral en flexión. Milburn y O’Shea (1994) investigaron más a fondo las fuerzas experimentadas en la primera línea de jugadores que usan la formación de scrum. Datos cinéticos fueron recolectados por tres placas de fuerza y ​​se suman para proporcionar las fuerzas totales que actúan en la primera fila bajo diferentes condiciones. Descubrieron que dos variaciones de compromiso secuencial no reducían sustancialmente las fuerzas de enfrentamiento experimentadas por la primera fila individual de jugadores. Este estudio concluyó que se puede lograr un riesgo reducido de lesión más fácilmente a través del entrenamiento apropiado en lugar de a través de la modificación de las técnicas  de scrummaging y leyes, algo puesto muy en práctica tanto por World Rugby como por la IRB como medidas para prevenir las lesiones,. Acciones en muchos casos muy polémicas ya que los aficionados al rugby piensan que se pierde la esencia combativa y de disputa de ésta fase tan ilustrativa del rugby. Por otra parte Quarrie y Wilson (2000) presentaron un modelo de la capacidad de producir fuerza en el scrum basado en las características antropométricas, de fuerza y ​​potencia del jugador y de la posición del cuerpo del jugador durante el scrum (post-engagement) contra una máquina diseñada para la investigación. Sus resultados sugieren la necesidad de que los paquetes de melé desarrollen técnica y coordinación como una unidad para maximizar la fuerza de scrum.

También sabemos que la melé ha ido evolucionando con el paso del tiempo y que en cada época la melé suponía un reto diferente, al igual que sus complicaciones y riesgos variaban, en la actualidad los datos aportados en este artículo no arrojan resultados sobre las últimas normativas, pero nos pueden ayudar a hacernos una idea sobre la magnitud de las lesiones. En el siguiente vídeo se puede ver una evolución de la melé a lo largo de la historia.

Ahora que sabemos quien son los que más sufren, qué tipos de lesiones son las más comunes y por qué se producen, la pregunta oportuna es, ¿cómo lo prevenimos?

Pues bien, como hemos visto la primera línea es el pack de jugadores con más riesgo, por lo que como es lógico deberemos de centrar nuestros esfuerzos en ellos. Nuestros objetivos tienen que ir centrados en el entrenamiento y aumento de la experiencia en la melé, comenzando desde la etapa juvenil y potenciando la mejora de jugadores que dan el salto de categorías inferiores a senior. Hay autores que recomiendan el uso de programas educativos como Rugby Smart (NZRFU) (Quarrie et al., 2007) y Rugby Ready (IRB) los cuales pueden ser muy exitosos en la reducción de lesiones catastróficas relacionadas con la melé.

https://www.rugbysmart.co.nz/ 

http://rugbyready.worldrugby.org/?language=ES 

Por otro lado, introducir en los entrenamiento diarios de la primera línea, programas de fortalecimiento de toda la zona cervical, junto con espalda, lumbares y hombros, podría ser útil para reducir la probabilidad de lesiones.

Bibliografía

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