“Más allá de la noche que me cubre,
negra como el abismo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca he llorado ni pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yacen los horrores de la sombra,
sin embargo, la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigos la sentencia,
yo soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.”

William Ernest Henley.

Tal vez la Copa del Mundo de Rugby de 1995 en Sudáfrica sea recordada por los aficionados de todo el mundo por una de las irrupciones más brutales que se recuerdan en el rugby, la de Jonah Tali Lomu (1975- 2015), la primera superestrella de este deporte.

Su tarjeta de presentación fueron siete tries en cinco encuentros (récord en aquel momento), incluyendo cuatro en la semifinal que enfrentó a Nueva Zelanda con Inglaterra, entre ellos el famoso ensayo donde va atropellando ingleses hasta posar el oval tras la línea de marca. ( https://www.youtube.com/watch?v=A0NLC3uk5xs ) en lo que es uno de los momentos más icónicos del Rugby moderno.

O tal vez, incluso sea recordado por la gesta sudafricana en la final. Con todas las apuestas en contra (2 a 1) la selección local llegó a la final donde debió enfrentarse a Nueva Zelanda que había sido el mejor equipo del torneo y luego de forzar el tiempo extra, los tres puntos del drop de Joel Stransky le dieron una agónica victoria por 15 a 12 y su primer título mundial.

Tal vez.

Pero os diré algo, a veces el deporte es más que deporte.
A veces consigue cosas que no debería poder conseguir.
A veces la realidad supera a la ficción y lo que vemos en las películas se queda corto.
A veces no ganan los malos, ni los buenos, a veces ganan todos.

A veces lo de menos es el deporte.

El Apartheid fue el sistema de segregación racial que impero durante más de 40 años en Sudáfrica. Oficiosamente se había venido practicando durante siglos por las minorías de colonos blancos de origen neerlandés, aunque no fue respaldada oficialmente con leyes hasta 1948.

Básicamente, este sistema de segregación racial en Sudáfrica consistía en la creación de lugares separados, tanto habitacionales como de estudio o de recreo, para los diferentes grupos raciales, en el poder exclusivo de la raza blanca para ejercer el voto y en la prohibición de matrimonios o incluso relaciones sexuales entre blancos y negros.
Con tiempo (demasiado), las presiones internacionales (aislamiento) y las nacionales (lucha del Congreso Nacional africano, ANC), desembocaron en su abolición en 1990 y la celebración de nuevas elecciones en 1994.

Hasta aquí nada nuevo, un avance, una victoria social. Pero ha habido muchas y no todas se han aprovechado bien. Sin embargo Sudáfrica tenía un as en la manga, tenía a un hombre excepcional, a un símbolo.

Tenía a Nelson Mandela.

Para nosotros los hombres comunes, hubiera sido muy fácil y tentador pasarnos de frenada, caer en el revanchismo, en la venganza, Convertir unos derechos recuperados en persecución de los derechos de otros. Pero para Nelson Mandela, el objetivo no era la imposición del vencedor sobre el antiguo opresor. Buscaba la unión de un país.

Diréis que lo tenía fácil, el rugby es una religión, está dentro de sus raíces, de su día a día. Celebraban el mundial allí, todo estaba a favor de obra.

Nada más lejos de la realidad.

El Rugby era el deporte nacional…de los blancos, los negros practicaban mayoritariamente el futbol. Hubiese sido muy tentador apartar el Rugby del panorama como castigo, tomar el futbol como bandera, pero eso no uniría el país. La jugada maestra era el rugby.

Y la difícil. Hacía falta mucha generosidad y altura de miras. Siglos de agravios, población dividida en dos bandos antagónicos. Un futuro en el aire….

Por otro lado, eran anfitriones sí, pero ni de lejos en su mejor momento, ante una Nueva Zelanda con Jonah Lomu en la exuberancia propia de sus extraordinarias características y de sus insultantes 20 años.

Pero Mandela vio la oportunidad y le salió bien.

Recordemos lo que el éxito de una selección nacional puede suponer para un país. Rehuyó las comparaciones recurrentes del rugby con el futbol, pero lo ejemplifica muy bien. Pocas veces, o nunca hasta muy recientemente, se habían visto tantas banderas de España como tras la victoria en el Mundial de 2010. Pocas cosas motivan tanto como el éxito y la victoria. Sumémosle, además, que en las dos primeras ediciones de La Copa del Mundo Sudáfrica fue vetada. Así que ganar el mundial, ante el máximo favorito, en su país fue una autentica reafirmación del orgullo nacional y una carta de presentación al mundo.

No deportiva. No rugbística.

Como país, como sociedad.

 

Pero hay que ponerse en los pantalones del señor Mandela, al principio. No tuvo que ser nada fácil.

Pero claro, si se mantuvo 27 años INVICTO (literalmente “inconquistable”) con la sola compañía de sus convicciones y un poema escrito en un papel, se entiende que fuese capaz de reconstruir el porvenir de todo un país.

Desafortunadamente para Sudáfrica y el resto del mundo, los hombres excepcionales no abundan.

Pero ese…………ya es otro tema.

A veces si se cree y se quiere se puede. Aunque todo este en contra. Aunque haya que esperar mucho tiempo.

Si te sientes INVICTO, lo eres.

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