Pablo de Tarso había recibido el mandato de las autoridades judías de perseguir a los cristianos de Damasco

Mientras se dirigía hacia allí, un resplandor del cielo le hizo caer del caballo dejándolo ciego, mientras él y los que cabalgaban con él oían una voz que decía Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Tras llegar a Damasco y ser bautizado, Pablo recupera la vista.

De modo que la expresión camino de Damasco ha pasado a ser sinónimo de “conversión”.

Este articulo surgió porque en el último partido de División de Honor, mi padre se encontró con un viejo amigo (¡Enrique, que casualidad!!) y este le vino a preguntar que como por allí…y mi padre le dijo que iba por mí, que tenía mucha afición, que no sabía cómo había salido yo con esa pasión por el rugby.

Eso me hizo retroceder en el tiempo y recordar porque estoy tan convencido de las bondades del rugby, así que hoy os hablare de mi particular conversión.
Técnicamente, no fue una conversión (yo ya era seguidor de este deporte), sino más bien una Epifanía.

Fotografía de Manu Glez,

Pero me gustaba más este título, lo confieso.

Empecemos por el principio.

Mi padre es futbolero.

Le gusta el futbol, pero que le gusta de verdad. Le pones un Leganés- Jaén y se lo ve. Fue entrenador de futbol (3ª División, Regional…) y es seguidor del deporte, no es que vea el Madrid -Barca, el Mundial y ya.

No. Le gusta de verdad.

Esto en si no es malo, solo sitúa el contexto.

Volvamos a la Epifanía.

Yo ya era seguidor del deporte, me gustaba. Veía el VI naciones, el Mundial…había incluso jugado (un año nada más, aunque como fue en el Club de Rugby El Salvador, convalida por más tiempo) sin embargo no fue hasta que en el último año de carrera (Ciencias de la Actividad Física y el Deporte) hice las prácticas como Preparador físico de las categorías inferiores del club, cuando realmente me convertí.

Os mentiría si os dijese que fue el 22 de octubre o el 15 de mayo, no recuerdo exactamente cuando fue. Lo que si tengo claro fue que en algún momento durante el transcurso de la Temporada 2010-2011, estando en Pepe Rojo, recibí una iluminación, y escuché una voz interior (la mía propia, no os asustéis) diciendo alto y claro:

“Cuando tenga un hijo, jugará al rugby”.

No parece nada del otro jueves ahora, que ya es realidad, pero en aquel momento donde aún ni conocía a la madre del artista, era una buena declaración de intenciones.

De aquella temporada recuerdo muchas cosas.

Recuerdo del día que me presentaron al resto de entrenadores mi incomprensión cuando me hablaban de las categorías y las edades…U6….Niños de 4 años jugando al rugby? ¿Pero los niños de 4 años juegan a algo?

Fotografía de Manu Glez,

Yo además de una Licenciatura sobre la actividad física contaba con 10 años de experiencia como entrenador de voleibol y allí empezaban con 7-8 años (3 EP) y eran capaces de hacer poquito.

Pues vaya si juegan los niños de 4 años. Si eliminamos el tamaño y el físico del alto nivel y la complejidad táctica, el rugby se reduce a correr con el balón, chocar, caer y levantarse, exactamente lo mismo que hace un niño de esa edad en el parque.

Alucinaba viendo niños que no querían ir a cumpleaños para poder ir a entrenar, no profesionales con contrato, niños.

Siempre sentí predilección por los linces, niños de 3 años incluso, demasiado tímidos para hablarte y temerarios a la hora de correr con el oval en las manos.

Si era difícil imaginarlo para mí con formación deportiva y experiencia como entrenador mucho más ha de serlo para alguien que no conozca nuestro deporte.

Por eso yo con este tema no intento convencer a nadie, ni insistirle a que se apunte.

Le invito a que vaya a verlo.

Ayer mi hijo me contó que en el recreo juegan al rugby (en su clase hay dos jugadores del VRAC) y que su amigo Guille se va a apuntar.

Hoy son 4 niños de 4 años jugando al rugby en una clase de 20.

Dentro de un par de años serán más y más adelante aún habrá un grupo de niños jugando al rugby en el recreo del patio, igual que juegan al futbol o al baloncesto.

Con eso nos vale.

En la Grecia Clásica se consideraba que un espartano valía por 4 soldados griegos.

Como ellos tampoco necesitamos la igualdad numérica para ser superiores.

Mi padre, al que le gusta el fútbol, se subió él solo a ver el Torneo Melé Sub.14 una mañana y no tenía la coartada de su hijo o de su nieto.

Quizás no solo haya conversiones camino de Damasco.

Quizás también las hay camino de Pepe Rojo.

Fotografía de Manu Glez,

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here