EPISODIO 1: “De Dioses y hombres”

Levanta la vista del ombligo, y por un momento intenta ver el rugby no con los ojos de un aficionado convencido sino con los de alguien ajeno a este mundo. Si lo haces, te darás cuenta de una cosa, el rugby como deporte tiene el mismo valor que cualquier otro, ni más ni menos. El rugby no es un deporte. Al menos no solo. El rugby es Educación.

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Levanta la vista del ombligo, y por un momento intenta ver el rugby no con los ojos de un aficionado convencido sino con los de alguien ajeno a este mundo.

Si lo haces, te darás cuenta de una cosa, el rugby como deporte tiene el mismo valor que cualquier otro, ni más ni menos.

Eso no es cierto!!!!, te rebelarás…es atractivo, emocionante, espectacular!!!!…No te molestes, predicas a un converso…Permíteme que continúe.

Como te decía esa opinión, aunque pueda ser cierta es subjetiva, lo mismo pueden decir los aficionados a los dardos, el curling o la doma clásica. Seguro que para ellos es igual de emocionante, o satisfactorio el seguimiento o práctica del deporte que les gusta.

Concluyamos que no es la parte técnico-táctica el elemento diferencial. Atendiendo a estos conceptos nuestro deporte no es superior a los demás. No es correr, ensayar, pasar o patear lo mejor que tenemos.

El rugby no es un deporte. Al menos no solo. El rugby es Educación.

Esa es nuestra punta de lanza. Nuestro argumento final. Nuestro “must”.

Hoy en día, tal y como está organizada la sociedad es impensable cuestionar la necesidad de una formación reglada. Pero muy cerquita, sino a la par, sino por encima en algunos casos, está la educación y formación que proporciona el rugby.

Sea porque algo estamos haciendo mal o porque los tiempos cambian y ha de ser así, echamos en falta en la sociedad y en los jóvenes valores como el respeto (al árbitro solo le habla el capitán, el entrenador manda y al contrario se le saluda al final del partido), autocontrol y tolerancia a la frustración (en un deporte con este nivel de contacto físico el seguimiento de las normas y el autocontrol es permanentemente reforzado), la capacidad de esfuerzo, el trabajo en equipo, el respeto a las tradiciones (Haka, tercer tiempo), el respeto a las normas…

Por otro lado, en el ámbito académico/profesional se está virando de la búsqueda de aptitudes a la de actitudes.
Dado que las aptitudes se dan por supuestas al generalizarse la educación superior se buscan perfiles donde primen el afán de superación, la capacidad de trabajo en equipo, el dinamismo, la famosa resiliencia……

¿Veis por dónde voy?

Alfredo Relaño dijo que el rugby era el deporte que era porque había sabido conservar mejor que nadie el espíritu y la tradición de sus orígenes, del deporte amateur.

Recordemos que el rugby y el futbol no solo comparten un origen común, son dos hermanos gemelos separados al nacer y criados y educados de manera distinta.
La tardía profesionalización del rugby le ha permitido alargar esa etapa amateur y conservar buena parte del espíritu romántico de los sportman ingleses.

Todo lo que rodea al rugby transmite un ambiente de respeto a la tradición y la historia. Al árbitro solo le habla el capitán, sus decisiones se acatan inmediatamente, hay un acuerdo tácito entre jugadores, entrenadores y aficionados de dejar al árbitro al margen (siempre hay garbanzos negros, y errores humanos, no somos perfectos). Tras el partido se hace un pasillo al contrario y se le invita al tercer tiempo. No existe la conflictividad en los estadios de otros deportes. La Haka de los All Blacks es una liturgia sin parangón en el deporte.

Es un deporte duro, al aire libre, de mucho trabajo físico…no son inconvenientes, son oportunidades.

También es una ventaja la posibilidad de iniciación temprana de su práctica. Pocos deportes permiten a los niños de 4 años jugar. No tienen la habilidad ni la madurez necesaria, para tirar a canasta, golpear con una raqueta o realizar gestos técnico precisos, pero si son capaces de correr con el balón en las manos, chocar y caer al suelo, ni más ni menos que la esencia del rugby.

Todo esto entronca con otro elemento clave en el futuro crecimiento del rugby.

Los colegios y el deporte escolar.

No somos el futbol, ni lo seremos (afortunadamente), tenemos que trabajar cada incorporación e ir a buscarla. Hasta ahora sobrevivíamos con segundas y terceras generaciones de jugadores. Hijos de gente que había jugado, terreno abonado ya, pero minoritario por definición.

Hay que introducir el rugby en los colegios y atraer futuros jugadores. Ampliar la base social, con jugadores, con padres que se hacen aficionados y espectadores de retransmisiones y partidos, con demandantes de información sobre rugby…

Juan Carlos Perez Delgado, entrenador del Club de Rugby El Salvador, dijo una vez que el jugo al rugby en el Colegio El Salvador, no porque le obligasen o allí no hubiese otras opciones, sino simplemente porque allí había balones de rugby que podías coger o no. Si no los hay…no hay opción.

Fotografía de Manu Gonzalez

Actualmente el rugby está de moda, los JJOO, las Finales de Copa del Rey en el Estadio Jose Zorrilla, y las necesidades sociales e individuales que el rugby satisface hacen que se nos abran puertas que antes estaban cerradas.

Pero hay que traspasarlas y dar a conocer las virtudes antes expuestas, que para nosotros son evidentes, pero para otros, no tanto.

Recientemente mientras íbamos con un compañero de mi hijo y su padre camino del colegio, cuando le anime a que se apuntase y fuesen juntos me respondió que él quería pero que la madre y abuela del niño decían que querían que siguiese teniendo la nariz entera.

Yo sonreí para mis adentro, justamente el fin de semana anterior con varios entrenamientos y toda una mañana de partidos, mi hijo se cayó y golpeo en la cancha mientras jugábamos al baloncesto el domingo por la tarde.

Lo humano del rugby, por mucho que nos guste a nosotros, tiene competencia.

Lo divino, no.

Seamos dioses.

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